
Mis manos tan vacías, tan dolientes,
de tanto asir las horas de recuerdo
que se escurren sigilosas en las noches
cuando mis ojos y mi alma buscan esconderse en el sueño.
No ves? Ya no hay nada más entre mis dedos;
mis manos solo sangran desilusión y miedo.
Te lo has llevado todo, todo te lo has llevado
en tu egoísmo, de ti un fiel reflejo.
Como se aferran ellas por las noches a veces a mi pecho
tratando de arrancar este dolor que me consume el cielo;
a veces a mi garganta, como buscando el aire
ese que ya no tengo; se fue extinguiendo lento.
Como lento se extinguió la ilusión de saberte cierto,
de creer a ojos cerrados que eras la continuidad de mis versos.
Mira mis manos… ¿que puedes ver sino mas que un hueco?
Ahora espacio vacio donde una vez abrigué un sueño.
de tanto asir las horas de recuerdo
que se escurren sigilosas en las noches
cuando mis ojos y mi alma buscan esconderse en el sueño.
No ves? Ya no hay nada más entre mis dedos;
mis manos solo sangran desilusión y miedo.
Te lo has llevado todo, todo te lo has llevado
en tu egoísmo, de ti un fiel reflejo.
Como se aferran ellas por las noches a veces a mi pecho
tratando de arrancar este dolor que me consume el cielo;
a veces a mi garganta, como buscando el aire
ese que ya no tengo; se fue extinguiendo lento.
Como lento se extinguió la ilusión de saberte cierto,
de creer a ojos cerrados que eras la continuidad de mis versos.
Mira mis manos… ¿que puedes ver sino mas que un hueco?
Ahora espacio vacio donde una vez abrigué un sueño.
¿Que màs puedo ofrecerte? Has sido tu mismo
quien acabo con lo que ahora pides y ya no tengo.
quien acabo con lo que ahora pides y ya no tengo.
Arlene G. Acevedo
junio 2009